miércoles, 26 de marzo de 2008

HEBREOS / COMENTARIO

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por:
Carlos Ardila
La Paternidad Literaria de la Carta
La Epístola es situada entre las cartas paulinas en las copias más antiguas del Nuevo Testamento, sin embargo, en la evidencia interna, Hebreos no proporciona información alguna respecto al autor de la misma.

Los escritores del siglo II, Clemente de Alejandría y Orígenes, afirman que dentro del consenso general, Pablo era reconocido como su autor en la región oriental del Imperio Romano. No obstante, hacen notar cuán diferente es el estilo y el contenido usado en Hebreos con relación al resto de sus cartas. Presumen que Pablo pudo haber tenido alguna participación en la obra siendo otro su verdadero redactor.
Clemente de Alejandría, al parecer pudo haber considerado que la carta hubiese sido en hebreo, pero posteriormente traducida por Lucas, es probable que él haya adoptado la posición tradicional de Panteno, el presbítero amado quien fuera su antecesor. Orígenes señaló que algunos en sus días la atribuyeron a Clemente de Roma, y otros indicaron a Lucas como el probable autor.
De otro lado, la aceptación de la obra como de la autoría paulina no fue mayor en la iglesia occidental hasta el siglo V. Aún después de lo anterior, la tradición continuaba atribuyéndole su autoría al apóstol Pablo hasta la Reforma del siglo XVI, cuando nuevamente fue puesta en duda.
Los más connotados eruditos contemporáneos, en términos generales coinciden en que las consideraciones en contra de la autoría paulina son contundentes. Aun más allá de las notorias diferencias de estilo, Hebreos presenta la visión del Jesús sumo sacerdote como el cumplimiento del ritual del sistema levítico de sacrificios del Antiguo Testamento, lo cual no halla paralelo en ninguno otro de los escritos paulinos. Aunque temas similares están incluidos, son presentados en forma que difiere del estilo característico del apóstol.
Pablo, generalmente enfatiza su calidad apostólica y su condición de inspirado por haber recibido revelación directa del Señor, (p. ej. Gál. 1:11–16; 1 Cor. 15:8), ¿cómo podría ahora afirmar el haber recibido el mensaje “por medio de los que oyeron?” (2:3).
Tertuliano en la iglesia occidental, escribió en el siglo II y sugirió a Bernabé como autor de la carta, lo cual ha tenido alguna aceptación entre los más estudiosos. Siendo levita chipriota, el “hijo de consolación” (Hechos. 4:36) bien podría haber sido el escritor de un mensaje caracterizado por ser una “palabra de aliento” (13:22), en la cual es expuesto con propiedad el sistema levítico de sacrificios con el sacerdocio y el culto respectivos. Es presumible que siendo judío de la dispersión hubiera tenido acceso a la filosofía helénica del judaísmo alejandrino de la cuales el escritor de Hebreos parece estar en conocimiento.
El primero en sugerir al elocuente Apolos como el autor de la epístola fue Martín Lutero, lo cual ha sido de gran aceptación entre los entendidos. Como un judío alejandrino muy culto, Apolos era poseedor de un gran conocimiento de las Escrituras, bien habría podido ser el autor de la obra. De cualquier forma, no podemos llegar a conclusiones muy categóricas respecto a las evidencias en favor de Bernabé, de Apolos o de cualquier otro candidato.
Grocio conceptuó que fue Lucas el autor al retomar la sugerencia más antigua y tradicional. Entre tanto Ramsay, sugirió a Felipe como su posible escritor y señaló que pudo haberla escrito desde Cesarea para enviarla posteriormente a la iglesia en Jerusalén. Harnack, se inclinó a pensar en Aquila y Priscila como posibles coautores de la epístola.
Algunos escritores antiguos, Tertuliano del siglo III, entre ellos, sostuvieron que la carta fue de la autoría de uno de los padres apostólicos, o que incluso pudo haberla redactado un escriba anónimo quien pudo haber registrado recopilado las disertaciones orales del apóstol Pablo.
La Posibilidad de la Paternidad Paulina
Ante la variedad de posibles autores sugeridos, y la factibilidad de que alguno de ellos haya sido en efecto el autor, resulta difícil la elección; Aun a pesar de las variaciones con relación a su estilo particular, bien podría haber sido el apóstol Pablo por el evidente conocimiento del sistema sacrificial judío.
Bernabé, incluido en la lista de probables escritores de la epístola, bien podría haberlo sido, en su calidad de levita, sin duda tendría en su haber el cocimiento acerca del sistema levítico de sacrificios que es característico en su contenido.
Lucas, sin ser judío, ha sido igual sugerido como probable autor, o por lo menos como su traductor, lo cual ha tenido alguna aceptación. Resulta tentadora la aceptación de la posible paternidad de Apolos, su elocuencia y cultura, así como su condición de judío, parecen ser argumentos que favorecen su autoría.
Sin embargo, en vista de que la evidencia interna no hace expreso el nombre del autor en su contenido, es prudente no aventurar una opinión categórica en cuanto a quien haya sido su escritor. Con todo, para apreciar la autoridad y autenticidad del documento, no necesariamente debemos conocer la identidad del autor, baste reconocerle entonces como de la autoría del Espíritu Santo, hecho que es el que le da en si misma su valor.
En vista de que la epístola misma no identifica a su autor, la mejor conclusión a la que pudiéramos llegar, es a la misma que llegó Orígenes, quien en el siglo III afirmó: “Sólo Dios sabe con certeza quien escribió la epístola.”
Los Recipientes y sus Circunstancias
Según 5:12 la carta fue dirigida a un grupo de hermanos hebreos (extranjeros o extraños) que ya habiendo sido cristianos por un largo periodo estaban siendo afligidos a causa de la persecución (10:32-34), razón por la cual estaban expuestos al peligro del abandono de su fe y del retorno a las practicas ceremoniales y rituales de la ley.
La Fecha
Ha sido sugerido por las referencias a la carta halladas por vez primera en la literatura cristiana primitiva en la epístola de Clemente de Roma, que esta bien pudo haber sido escrita durante el año 96 d.C., tiempo del cual data dicho escrito.
Sin embargo, más pareciera haber sido redactada un poco antes de la destrucción de la ciudad de Jerusalén y de su templo con el consiguiente cese del sistema levítico de sacrificios en el año 70 de nuestra era, muy probablemente entre los años 67 a 68 d.C.
El Bosquejo de la carta
1:1-4. Introducción:
La revelación de la Palabra de Dios para hoy a través su Hijo Jesucristo
1:5—2:18 La autoridad del Hijo de Dios sobre los ángeles
1:5-14 Jesús: Su superioridad con relación a los ángeles.
2:1-4 La fidelidad que debemos observar frente al Hijo de Dios.
2:5-18 La humillación y la exaltación del Hijo de Dios.
3:1—5:10 Jesús, el Hijo de Dios nuestro gran y fiel Sumo Sacerdote.
3:1-6 La superioridad del Hijo de Dios sobre Moisés.
3:7—4:13 La necesidad de permanecer fieles.
4:14—5:10 Jesús, el gran fiel y sumo sacerdote compasivo.
5:11—10:39 Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote Redentor.
5:11—6:20 Invitación a ir en procura de la madurez espiritual.
7:1-28 Jesús, el gran Sumo Sacerdote eterno
8:1-13 Jesús, el mediador de un Nuevo y mejor Pacto
9:1-10 El alcance limitado del Antiguo Pacto
9:11-28 El poder de la sangre del Hijo de Dios.
10:1-18 Las mejores bendiciones ofrecidas por Dios mediante el Nuevo Pacto.
10:19-39 Permanezcan fieles, no retrocedan.
11:1—12:13. La fe y constancia por la esperanza en las promesas de Dios
11:1-40 Los grandes héroes y los hechos de la fe
12:1-13 Pongan sus ojos en el Señor.
12:14—13:25 El vivir conforme a la voluntad de Dios
12:14-17 Recomendaciones para alcanzar la gracia de Dios
12:18-29 Atender y no desechar el llamado de Dios
13:1-17 Una vida de consagración continua a Dios
13:18-25 Recomendaciones y bendición final
COMENTARIO
Capitulo 1
1:1-4 Introduccion:
La Palabra REVELADA DE DIOS
Hoy algunas personas piensan en la imposibilidad de poder conocer a Dios, Si bien, uno de los más enormes obstáculos para la adquisición del conocimiento teológico reside en la transitoriedad de la vida del hombre así como en su incapacidad para poder lograr de sí mismo descifrar el misterio de Dios, este de su propia decisión se nos ha revelado en relación a lo que en su sabiduría ha considerado nos es indispensable saber de Él para el alcance de nuestra salvación mediante la obediencia a los designios de su voluntad (Deuteronomio 29:29). La gran variedad de ofertas religiosas apostatas existentes han dado lugar al surgimiento de muchas dudas así como han suscitado también una gran confusión respecto a la voluntad y a la revelación de Dios, inclusive en las mentes de quienes honesta y legítimamente procuran conocerle a Él; es así que muchas denominaciones proclaman recibir en la persona de sus líderes una continua revelación de Dios, muchas de las cuales supuestas expresiones de Dios van en contravía de su única, última y final revelación, la Biblia (Judas 3). Ante tales falsas reclamaciones, el autor del libro a los Hebreos no admite duda alguna frente a el hecho indiscutible de la manifestación exclusiva de Dios al hombre en este último tiempo a través de su Hijo Jesucristo cuya voluntad nos ha sido expresa de manera única y definitiva en las páginas de su revelación, el Nuevo Testamento, al afirmar: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1,2).
Sí bien Dios reveló así su Palabra como su voluntad en el Antiguo Testamento por medio de sueños, visiones y de diversas manifestaciones hechas expresas mediante apariciones angélicas, en los postreros días, es decir en el tiempo presente, su revelación nos ha sido dada en forma única (Judas 3) como un hecho cumplido y definitivo en la expresión de su voluntad en la persona de su Hijo amado Jesucristo a través de las páginas de su revelada Palabra, el Nuevo Testamento.
De aquí en más en el desarrollo del libro nos es expreso que el Antiguo Testamento tuvo por finalidad específica la preparación del pueblo para la recepción de la revelación última y definitiva de Dios (8:5; 10.1), la cual nos ha sido hecha manifiesta a través de su Hijo Jesucristo y de los instrumentos designados por el Espíritu para la redacción del Nuevo Testamento. Es claro que aún hoy Dios continúa vigentemente hablándonos por medio de las Escrituras veterotestamentarias a los cristianos con relación a toda una serie de circunstancias históricas con aplicación ahora a nosotros exclusivamente en el orden moral (Romanos 15:4). No obstante, para hacer énfasis en cuanto al carácter final y decisivo de la revelación dada por medio de Jesucristo y de la guía del Espíritu, el Nuevo Testamento, el autor subraya su superioridad del Señor con relación a Moisés (3:1-6) y a los términos del Pacto Antiguo (8:6-13) con su ley abolida por Él en la cruz (Efesios 2: 15; Colosenses 2:14-17).
Según es consecuentemente expreso por el autor, Jesús, el Hijo de Dios fue partícipe de la construcción del universo (Juan 1:3,10; Colosenses 1:15-17; Hebreos 11:3); Él es poseedor de toda autoridad por cuanto ha sido constituido heredero de todo cuanto existe (Salmos 2:7,8), y es en sí mismo el resplandor de la gloría de Dios, la imagen misma de su sustancia, aquel quien por medio de la Palabra de su poder sustenta todas las cosas.
En razón de ser la finalidad de la revelación el establecimiento de la comunión entre Dios y el hombre, la epístola a los Hebreos pone de presente la mediación del Hijo de Dios ofrecido en propiciación, es decir como un sacrificio aceptable ante Dios para el perdón de nuestros pecados (v. 3). Ello introduce lo expresado en 2:14–18 y en los pasajes siguientes con respecto a la participación del Hijo de Dios con nosotros al tomar una naturaleza humana semejante a la nuestra, y mediante su suplicio y muerte expiatoria. En este orden, la revelación definitiva de Dios a través de su Hijo Jesucristo, no solo comprende la comunicación perfecta de su voluntad soberana y su manifestación por medio de él, sino también su obra redentora y de reconciliación nuestra con Dios.
En consecuencia de haber sufrido muerte a voluntad en nuestro rescate, el Hijo de Dios retomó su lugar al ir a sentarse a la diestra de la Majestad en las alturas (Sal 110:1), este señalamiento enfatiza su superioridad sobre los ángeles a quienes Israel consideraba los más cercanos seres a Dios (v. 4).
1:5-2: 18 el Hijo DE DIOS y Los Ángeles
Al dar lectura a este tramo de la epístola resulta claro el poder apreciar y entender que algunos de los recipientes de la misma tenían algunas dificultades en cuanto a su entendimiento de la relación existente entre el Hijo de Dios y sus ángeles, según 2:5–9, aparentemente le consideraban un ser inferior a ellos, el hecho de su encarnación planteaba a sus mentes la siguiente interrogante ¿cómo podía el Hijo de Dios participar plenamente de nuestra humanidad y ser simultáneamente aún superior a los ángeles? Adicionalmente: ¿Por qué razón debió sufrir y morir aquél quién es superior a los ángeles?
Según es expresado en el 2:1–4, aparentemente los lectores hebreos creían y afirmaban la participación de los ángeles en la entrega de la ley de Dios a Moisés (Hechos. 7:53; Gálatas 3:19). Así, en este orden debía por lo tanto ofrecérseles seguridad respecto al hecho de la superioridad de quién les era presentado ahora como el medio de la actual revelación de la voluntad de Dios (1:1,2).
De similar manera, hoy mismo, muchas personas necesitan ser persuadidas respecto al hecho de la superioridad del Señor sobre sus ángeles.



En 2:5–18 El ministerio personal del Señor en la tierra tuvo por finalidad la concesión del perdón de nuestros pecados así como de nuestra salvación mediante su muerte sacrificial, a más de ello, su resurrección constituye la más segura garantía de la futura resurrección que habremos de experimentar al ser trasladados al ámbito celestial del cual iremos a disfrutar.

“Todo lo sujeto bajo sus pies” (2:8) El dominio y la autoridad del Hijo de Dios sobre todo, sin faltar nada, es una evidencia contundente e inobjetable de su superioridad.
1:5-14 El Hijo de Dios: Su Superioridad Sobre los Ángeles
Los textos y los argumentos en esta sección hacen más contundentes las afirmaciones ya ofrecidas en la introducción (vv. 1–4). Particularmente en lo que hace referencia a autoridad celestial del Hijo (v. 3); Por supuesto es ofrecida una explicación del por qué de su posición de autoridad celestial con la consiguiente superioridad y autoridad sobre los seres angelicales.
Jesús citó el Sal 110:1 para enfatizar la procedencia y la posición celestial del Cristo esperado por los judíos del Antiguo Testamento (Marcos 12:35–37; 14:61,62), Posteriormente fue usado por los cristianos de la iglesia primitiva con relación a la resurrección del Señor (Hebreos 10:12–14; Hechos. 2:34–36; 1 Corintios. 15:25). A más de estas, otras referencias al texto han sido reseñadas en son en 8:1 y 12:2.
5 Aquí el texto en mención, es decir Salmos 2:7 es señalado por el hecho de ser este una indicación profética respecto al Cristo como el Hijo de David, es decir de su descendencia directa, y así mismo naturalmente también como el Hijo de Dios.
6 Nunca jamás a un ángel se le dijo algo semejante, ellos en lugar de objetos dignos de ser adorados, nos han sido siempre descritos y presentados como claros y directos adoradores del Señor, a más de ser también nuestros servidores (Deuteronomio 32:43; Sal. 96:7; Apocalipsis 4:6-11; Hebreos 1:14). En virtud de ser Jesucristo el Hijo de Dios y quién se halla sentado a su diestra, es Él quien es digno de ser adorado.
Voluntariamente y al participar de nuestra humanidad, tomando una forma de siervo (Filipenses 2: 6-12) Jesús, el Hijo de Dios temporalmente se hizo a sí mismo un tanto “menor que sus ángeles”; sin embargo, posteriormente en la exaltación a su gloría anterior, ahora ha sido “coronado de la gloria y la honra que ya antes le eran propias” (Hebreos 2:9; Juan 1:1; 17:5).
7–9 Lo expresado en el texto gr. del libro de las Salmos 104:4 ofrece la idea de haber sido creados los ángeles a la finalidad de ejecutar las órdenes de Dios con la presteza y la velocidad de los vientos y con la fuerza del fuego. Por ser ellos parte de la creación del Hijo de Dios, le están sujetos a él, en razón de su autoridad compartida con Dios en el Trono de su poder.
10–12 Una vez más son enfatizadas la eternidad y autoridad de Hijo de Dios en el Salmo 102:25–27. Lo anterior marca un contraste frente a la transitoriedad del universo fruto de su creación.
13, 14 Retomando el pasaje inicial que ha dado lugar a su análisis, el escritor recurre al libro de las Salmos 110:1 para a través suyo nuevamente enfatizar la carencia de autoridad de los ángeles sobre el Hijo. Señala que estos como espíritus ministradores, desempeñan una función de ejecución de los mandatos de Dios al servir a quienes hemos de heredar la salvación. Si bien son superiores en algún sentido a nosotros (Salmos 8:4–6), son también puestos a nuestro servicio para ayudarnos en una forma desconocida a nuestro entendimiento para el alcance de nuestra salvación.
CAPÍTULO 2
2:1-4 Una Invitación a la Fidelidad
He aquí una seria advertencia dirigida a los lectores respecto al cuidado que bien debían tener a fin de evitar deslizarse al señalar que les es necesario atender con más diligencia a las cosas que habían oído (v. 1). La palabra griega para atender, prosejein, transmite la idea de amarrar una embarcación, a la vez que el término griego para deslizar, pararrein, ofrece la idea de una embarcación que navega a la deriva y hacia la destrucción. Ellos deberían tener cuidado de permanecer en el evangelio que les fuera antes anunciado y confirmado por quienes lo oyeron (v. 3), testificando Dios con ellos con señales y prodigios (maravillas), y diversos repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad (v. 4).
Claramente el mensaje del evangelio de salvación ofrecido por el Hijo de Dios, bien supera ampliamente a la revelación que le fuera dada por medio de los ángeles al pueblo de Israel en el monte Sinaí. Siendo que antes toda trasgresión y desobediencia recibió justa retribución bajo los términos de la anterior revelación, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande ofrecida bajo los términos de una superior y definitiva revelación divina a través de Jesús, el Hijo de Dios? (2: 3).
2:5-18 El Hijo de Dios: Su Humillación y Exaltación
Al haber explicado que el mensaje del hijo de Dios es la salvación, el curso de esta sección se encamina hacia la explicación del como hemos logrado alcanzar esta salvación. Nuevamente se ocupa del tema de la autoridad celestial del Hijo de Dios en el trono y de la razón por la cual tenía que ser temporalmente un poco menor que los ángeles para ser luego coronado de gloria y de honra. Es usado el Salmo 8:4–6 para señalar que Jesús es el hombre que encaja perfectamente en el cumplimiento del Salmo 8, al sufrir la muerte para ser posteriormente exaltado a la diestra de Dios. Siendo perfeccionado (2:10–16). Al compartir nuestra humanidad, el Hijo de Dios ha hecho posible nuestra gloría futura en los cielos.
5. El mundo venidero: Varias imágenes son usadas para referir al nuevo orden que a futuro le estará sujeto al Hijo de Dios: Cielos y tierra nuevos (Isaías 65:17-25) , el descanso de Dios (Hebreos 4:1-11), una patria celestial mejor (Hebreos 11:16), una ciudad permanente (Hebreos 13:14) entre otras; Este nuevo mundo venidero le estará sujeto sólo a él, el Hijo de Dios, no así a sus ángeles (1:13). Aunque es una visión futura, el autor deja en claro que este orden venidero ya ha sido establecido por el haber ascendido Cristo al trono, a la diestra de Dios, a su regreso, nos trasladará a él.
6–8 El Salmo 8:4–6 es usado para ofrecer una explicación de la obtención del reinado mesiánico por parte del Hijo de Dios.
6–8 El Salmo 8:4–6 es citado para explicar cómo el Hijo obtuvo su dominio mesiánico.
9. Al señalar que fue temporalmente hecho menor que los ángeles, el autor hace referencia a la humillación del Hijo de Dios al hacerse voluntariamente participante de nuestra naturaleza humana (2:14–18).
Por el padecimiento de la muerte, el Hijo de Dios fue exaltado a la gloría celestial y en consecuencia “coronado de gloria y honra”.
10 El propósito eterno de Dios para la salvación del hombre fue ejecutado por medio de su Hijo Jesucristo (Romanos. 5:12–21). A través suyo los demás seres humanos hemos sido conducidos a la gloria que ha de ser manifestada (2: 10 -16).
El Autor de la salvación de ellos es Jesús (gr. archegon, usado en 12:2), más acertadamente se puede señalar a Jesús como al pionero o a el precursor (Besson, “jefe”; “un guía”). El autor de eterna salvación” en 5:9. Un precursor que lideró en la apertura del camino que deben ellos seguir (6:20; 12:1–3).
Moralmente perfecto (gr. teleiosai, 5:9; 7:28). Mediante el padecimiento de su muerte sacrificial el Hijo de Dios fue hecho apto para venir a ser el salvador del género humano.
11–13 Al ser perfeccionado, Jesús a su vez santificó a un pueblo para Dios y para sí (10:10, 14, 29; 13:12).
14–16 Para el logro de la salvación de sus hijos, el Hijo de Dios fue hecho participe de carne y sangre. Mediante su encarnación y muerte sacrificial, Jesús destruyó al que tenía el imperio (dominio) sobre la muerte, es decir al diablo. Por medio de él hemos sido liberados del poder de la muerte (9:14, 15, 27, 28; 10:19–22). Finalmente es expresado que él no tomó para sí a los ángeles, sino a la descendencia de Abraham (v. 16). Lo anterior no hace referencia a la humanidad en general, ni a la nación literal de Israel, sino mas bien a todos quienes le hemos aceptado como al autor de nuestra salvación, a quienes por la fe hemos alcanzado las promesas hechas por Dios a Abraham (6:17, 18).
2.18 La experiencia de la tentación fue una situación frente a la cual Jesús el Hijo de Dios salió avante, tenemos confianza en su comprensión frente a nuestras situaciones de tentación en razón de su participación de nuestra humanidad (4.15), así, Él nos ayudará a superarlas con buen éxito (I Corintios 10:13).
CAPÍTULO 3
3.1 Por tanto... considerad Lo realizado por Cristo, como ha sido descrito en el capítulo dos. Como apóstol, Cristo ha sido enviado a su pueblo en representación del Dios de los cielos. En su calidad de sumo sacerdote, Él ha sido constituido como mediador entre Dios y los hombres (I Timoteo 2:15).
3.2-6 Cristo merece sin lugar a dudas una mucha mayor honra que la de Moisés, puesto que este fue un siervo en la casa de Dios. Cristo en cambio como Dios y constructor de su casa, es el Señor sobre su propia casa. Él es el cumplimiento de todo cuanto dijo Moisés.
3.7–11 El escritor da testimonio de la inspiración de las Escrituras veterotestamentarias al atribuir el Salmo 95 al Espíritu Santo. Mediante esta cita, el hace una seria advertencia a sus lectores sobre la gravedad de incurrir en la incredulidad como lo hicieran antes los israelitas en el desierto (1 Corintios 10.11). A causa de la desobediencia, vino entonces la ira de Dios, sobre ellos al impedir que pudieran entrar en el reposo prometido (v. 11).
3.12, 13 La incredulidad surge producto de un corazón cauterizado y endurecido a causa del engaño del pecado. En consecuencia, el extravió que conduce al apartarse del Dios vivo.
3.14, 15 El permanecer en Cristo exige algo más allá de sólo una experiencia temporal en su comunión.
CAPÍTULO 4
4.1–10
4.1 El ejemplo del Israel rebelde en cuanto al no haber podido entrar en Canaán es usado como una severa advertencia para los cristianos que no permanecen en la fe, si ellos no permanecían firmes en la fe, igual no lograrían entrar en el reposo ofrecido por Dios. Este reposo no se refiere específicamente a la tierra de Canaán, como en el 3:18; más bien es usado este hecho histórico de la vida de Israel como un tipo del reposo presente y futuro en los cielos para los hijos de Dios.
4.2 El escuchar el evangelio por si sólo es insuficiente, a más de ello es indispensable una fe obediente hacia este.
4.3, 4 Los creyentes somos quienes lograremos mediante la fe entrar en el reposo al cual no lograron entrar los israelitas incrédulos en el desierto.
4.5-9 Por medio de David, Dios prometió otro reposo diferente, futuro y superior, de lo anterior nuevamente se infiere que el reposo prometido para Israel no fue la tierra de Canaán.
4.10 Al igual que Dios descansó de su obra creadora al séptimo día, quienes hemos depositado nuestra confianza en el Hijo de Dios descasaremos al disfrutar de las bendiciones presentes y futuras celestiales alcanzadas para nosotros por Él en la cruz.
4.11–14 Mediante la Palabra de Dios, puede confrontarse la vida de los hijos de Dios, ella es el medio de establecer si ellos viven conforme a su voluntad, ella lo revela con absoluta claridad. Nuestro gran sumo sacerdote, Cristo, por su obra expiatoria restablece la comunión nuestra con Dios.
4. 12 La palabra de Dios es viva y eficaz: El término traducido palabra aquí, es el vocablo griego, logos que indica generalmente la expresión de una idea completa y es utilizada para referirse a las Escrituras inspiradas. En contraste el rhema, suele hacer referencia a algo expresado oralmente.
Eficaz (energes). Enérgico, Palabra derivada de este vocablo. Energes es usada aquí, así como en 1 de Corintios 16:9 y en Filemón 6, para referirse a algo activo, efectivo, en acción. argos es el su término contrario e indica, ocioso, inactivo, ineficaz.
4.14. Traspasó los cielos, en su encarnación y posteriormente en su ascensión.
4.15. Nuestro gran sumo sacerdote puede compadecerse de nosotros en razón de haber participado a voluntad de nuestra condición humana, el sabe comprender nuestra debilidad puesto que él también fue tentado pero sin relación con el pecado (I de Pedro 2:21,22).
4.16 Podemos acercarnos confiadamente, es decir sin temor alguno. Frente al trono de la gracia no hallaremos castigo por las acciones pasadas, sino más bien misericordia presente y futura (I de Juan 4:18).
5.1–4 Son presentadas las actividades propias del oficio sumo sacerdotal. Él debe ser alguien en capacidad de poder comprender el sentir de aquellos quiénes son sus representados ante Dios, este es constituido mediador entre ellos y su Dios para ofrecer sacrificios expiatorios por el pecado. Él debe ser paciente para con ellos en razón de su propia condición humana, puesto que él también está rodeado de debilidad. Por consiguiente, debe ofrecer sacrificios por sus propios pecados así como por los del pueblo también. En contraste, Cristo no necesita del ofrecimiento de sacrificios por sí mismo para ser purificado, él es puro de sí mismo (7.27.)
5.5–11 Jesús cumple perfectamente con todos los requerimientos para el sumo sacerdocio, él tiene el perfil adecuado. Su nombramiento proviene de Dios; participando de nuestra humanidad se ofreció a sí mismo una vez y por siempre en propiciación, es decir en sacrificio aceptable antes Dios por nuestros pecados (7.27).
5.6 Su sacerdocio es eterno, según el orden de Melquisedec, sacerdocio sobre el cual se ocupa el autor más en detalle en la argumentación del capítulo siete.
5.7 Es probable que se aluda a la oración del Señor Jesús en el huerto de Getsemaní (Lucas 22.42), la cual fue oída a causa del temor reverente y sumiso expresado en ella.
5.8–10 Por medio de la obediencia y sumisión fue perfeccionado, así mismo es autor de salvación para todos aquellos quienes nos sujetamos a Él por medio de la autoridad de su Palabra.
5.9 Su perfeccionamiento no tiene relación con el aspecto moral, puesto que él no hizo pecado ni se halló engaño en su boca (I de Pedro 2:22), más bien hace relación a su preparación para llegar a ser el autor de eterna salvación a quienes le obedecen (2.10).
5.11 - 13 Se habían hecho tardos para oír y entender, su crecimiento espiritual se había detenido en la consideración de los rudimentos de la Doctrina de Cristo, ellos ya deberían ser maestros y maduros en este punto de su fe.
5.14 El alimento sólido, es decir la instrucción avanzada en la fe, es para quienes por el ejercicio de los sentidos espirituales están en capacidad de discernir o distinguir entre el bien y el mal, entre la doctrina del error y la sana doctrina que ya se les había impartido.
Capítulo 6
6.1-3 Los seis elementos fundamentales de la doctrina judía constituían el eje central de la vida espiritual. Ellos deberían dejar atrás dichos rudimentos e ir hacia delante, es decir hacia la madurez.
6.4–6 En este espacio se describe la experiencia de quienes gustaron del don celestial siendo participes de Espíritu Santo y una posterior decadencia al apostatar o al apartarse de su fe.
6.7, 8 Esta forma de expresión describe e ilustra la situación de condenación de quienes se han apartado de Jesús.
6.9–12 Es expresada la confianza del autor en cuanto a la firmeza de sus lectores respecto al continuar en la fe. Es reconocido su servicio de amor al Señor y a sus santos, de lo cual les recuerda el Señor tiene memoria. Adicionalmente les anima a seguir esforzándose de esta manera hasta el final, su deseo es el evitar que éstos se hagan ociosos y más bien les declara la necesidad de perseverar en su servicio a fin de alcanzar las promesas de Dios.
6.13-17 El juramento de Dios hace incuestionable la veracidad de su promesa, dicho juramento no fue necesario para la certeza de su cumplimiento, Dios es fiel; sin embargo, esta expresión les proporcionaría seguridad y confianza respecto al hecho de la firmeza del consejo de Dios. El cumplimiento de la promesa hecha a Abraham bien indica la fidelidad del Señor.
6.18 Mediante la confirmación de la promesa de Dios a través de su juramento, son eliminadas todas las dudas que pudieran surgir acerca de su cumplimiento
6.19, 20 La seguridad provista por el ancla al navío anclado en las aguas, es la seguridad de nuestra esperanza en las firmes promesas de Dios, así el ancla ilustra la firmeza de nuestra esperanza.
Capítulo 7
7.1, 2 sólo en dos ocasiones es mencionado Melquisedec en el Antiguo Testamento (Génesis 14.18–20; Sal 110.4), En Melquisedec hallamos un tipo de Cristo en cuanto a su ministerio como Sumo sacerdote.
7.3 Semejante al de Melquisedec, el de Jesucristo es un sacerdocio y un reinado universal. El desconocimiento o el silencio respecto a la ascendencia de Melquisedec, como de sus antecesores sacerdotales, su nacimiento y muerte, son ilustración del eterno sacerdocio de Cristo.
7.4-7 Es clara la superioridad del sacerdocio de Melquisedec sobre el oficio sacerdotal levítico, si bien, ellos recibían los diezmos de la descendencia de Abraham, el que Abraham le hubiese dado a Melquisedec los diezmos y el que recibiera su bendición, demuestra que en su sacerdocio fue superior a Abraham mismo, puesto que es más grande quien recibe los diezmos que quien los da y mayor es quien bendice sobre quien es por él bendecido.
7.8 Como hombres mortales, los sacerdotes levitas morirían, sin embargo no es hecha mención de la muerte de Melquisedec, lo cual hace de él un tipo de Cristo quien vive por siempre.
7.9, 10 Al pagar los diezmos de todo, Abraham estaba representando en él a toda la nación de su descendencia posterior.
7.13, 14 En Cristo es instaurado un nuevo y único orden sacerdotal, puesto que es el descendiente de la tribu de Judá en lugar de ser de la tribu de Leví como correspondía al orden de sucesión sacerdotal levítico.
7.15-17 El término griego usado aquí para distinto no es allos, que señala a otro de la misma clase o condición, sino heteros, que apunta a una categoría totalmente diferente.
7.18, 19 El primer pacto demostró su debilidad e inutilidad respecto a la justificación para con Dios. Por consiguiente debió ser quitado de en medio y reemplazado por un pacto de superior calidad en cuanto a una mejor esperanza.
7.20-22 El sacerdocio de Aarón es dejado sin vigor por el sacerdocio de Cristo, ya que para su establecimiento medió el juramento firme de Dios.
7.23-25 Por el ministerio sacerdotal de Jesucristo nos es provista una salvación total, lo cual era imposible mediante los sacrificios del sistema anterior.
7.28 La salvación plena que nos es otorgada por Dios en Jesús, requirió de un perfecto Sumo Sacerdocio y de un perfecto sacrificio propiciatorio por nuestros pecados.
Capítulo 8
8.1-6 El escritor deja de lado los pergaminos de Cristo como Sumo Sacerdote para referirse a su ministerio de expiación. Este misterio supera ampliamente al anterior ministerio sacerdotal judío, a través del, el sistema viejo fue reemplazado por un eterno y perfecto sacerdocio, el de Cristo.
8.2 El ministerio de Jesús es desarrollado en el santuario verdadero, no terrenal, sino celestial; como Sacerdote y Rey, Cristo tiene un lugar de autoridad suprema (v. 1).
8.5, 6 El ministerio del tabernáculo terrenal sirvió como figura, como un símbolo de las cosas celestiales hechas concretas y verdaderas en Cristo. Por consiguiente, su ministerio supera enteramente al sacerdocio levítico anterior, puesto que la sombra es siempre superada por la sustancia o realidad misma a la que sólo representa.
8.7 El primer pacto caracterizado por los ritos externos fue en sí una norma legal que resultó ineficaz puesto que el hombre no pudo cumplirla cabalmente, era débil por cuanto dependía de una obediencia perfecta imposible al hombre.
8.8-10 En el Nuevo Pacto, la acción de Dios se basa en la mente y el corazón del hombre espiritual. Se trata de una acción interior en vez de una forma ritual exterior.
8.11-13 A diferencia de una revelación parcial y limitada como la que fue dada a Israel en el Antiguo Pacto, en el Nuevo Testamento hemos recibido un conocimiento y acción completa para nuestra salvación. La gracia y la misericordia son los términos característicos de esta nueva relación Dios hombre.
Capítulo 9
9.1-10 A fin de presentar la superioridad de la obra expiatoria de Cristo, el escritor señala la ineficiencia del sistema levítico de adoración. Sí bien, los ritos externos bajo el antiguo orden de adoración ministrado en el tabernáculo eran celebrados con gloría y reverencia, resultaban insuficientes en cuanto no permitían accesos libre ante la presencia de Dios.
9.11 Con Jesús se dio inicio al nuevo sistema del cual eran sombra los antiguos rituales. Su ministerio se desarrolla en el ámbito mismo de la realidad de la cual los ritos eran sólo figura.
9.12-14 La sangre de Cristo logró un efecto superior a la de los animales ofrecidos bajo el sistema levítico de sacrificios, mediante su sangre Dios limpia las conciencias del pecado.
9.15–23 Así como un testamento no puede entrar en vigencia hasta la muerte del testador, es decir de quien lo ha dictado, fue necesaria la muerte de Cristo para el establecimiento de un Nuevo Pacto en su sangre.
9.21, 22 El tabernáculo debía ser santificado mediante el rociamiento de la sangre derramada. Sin el derramamiento de la sangre de Cristo una vida espiritual no puede ser purificada ni recibir el perdón de los pecados.
9.23-26 Los sacrificios del sistema levítico fueron sólo sombras, figuras terrenales de las cosas celestiales, que exigían mejores sacrificios que la sola sangre de animales ofrecidos vez tras vez; el sacrificio de Cristo fue ofrecido una solo vez por siempre.
9.27 La muerte física no es el término de la existencia humana consciente, existe algo posterior a ella en el plano espiritual (Eclesiastés 12:7; Filipenses 3:20,21; Colosenses 1:5; I de Pedro 1:4).
9.28 Jesús vino para obrar la redención humana (26). Entró al cielo y abrió al hombre un camino de acceso a Dios (24); y un día volverá para salvar a quienes esperan su venida.
Capítulo 10
10.1-4 Si por medio del sistema levítico de sacrificios se logrará hacer perfectos a los adoradores, no habría sido necesario el ofrecer sacrificios vez tras vez anualmente. La repetición constante del sacrificio más bien les hacia recordar sus pecados, en vez de borrarlos de sus conciencias.
10.5-10 Aun pese haber sido ordenados por Dios, los sacrificios y las ofrendas del sistema levítico resultaban ser insuficientes, puesto que eran sólo de sombras que luego fueron cumplidas mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo.
10.11-14 Se presenta un contraste entre el sacerdote, ofreciendo continuamente sacrificios no del todo eficientes dentro del sistema levítico con Cristo. Al cumplir con su obra de redención en la cruz, Cristo se ha sentado en las alturas.
10.15–17 Adicional a la promesa de salvación mediante la ofrenda de Cristo, ya las Escrituras anticiparon que el Señor grabaría en nuestras mentes su voluntad y olvidando nuestras transgresiones establecería con la humanidad un Nuevo Pacto otorgándole un perdón total (Jeremías 31:33).
10.19-21 Nuestra seguridad de acceso a la presencia de Dios reside en la sangre de su Hijo Jesucristo y en su ministerio continuo como nuestro Sumo Sacerdote ante él.
10.22 La verdadera adoración nacida del corazón honesto ante Dios, sólo puede estar fundada en el gracia y justificación producto del la sangre del Señor Jesús vertida en la cruz. (Romanos 5.1).
10.23 La profesión de nuestra esperanza de salvación, está fundada en la fidelidad de quien nos la ha prometido.
10.24, 25 El estimularnos mutuamente al amor y a las buenas obras debe ser sin duda una evidencia de la unanimidad en la espera de su regreso.
10.26-27 Una advertencia severa respecto al abandono de la fe, si alguien se aparta deliberadamente del Señor, no queda otro sacrificio por el pecado de él, está perdido.
10.28, 29 Una evidencia de que existirán niveles de castigo. Quien viola la ley de Moisés recibe la pena impuesta por la ley misma (Deuteronomio 17.2–6). Un cristiano que abandona el camino del Señor sufrirá un castigo aun mayor, él ha pisoteado al Hijo de Dios, ha tenido por inmunda su sangre haciendo afrenta al Espíritu Santo.
10.30, 31 La Palabra de Dios misma bien anticipa y asegura la firmeza e inminencia del justo juicio del Señor en el tiempo del fin.
10.32-39 La promesa del regreso del Señor les representaba un estimulo y aliento continuo, pese a las pruebas y adversidades que les habían sobrevenido, los hebreos se habían mantenido fieles, así, el autor les alienta a permanecer aún firmes en su fe.
Capítulo 11
11.1 El escritor soporta el peso de sus recomendaciones respecto a la necesidad de proseguir los hebreos fieles en el ejemplo victorioso de los héroes de la fe antiguo testamentaría.
No ofrece en si una definición de la fe, se refiere más bien a la acción de la fe. La presenta como la firme convicción acerca de las cosas que no se ven y como la segura esperanza de una recompensa futura de Dios para ellos en el cumplimiento de sus fieles promesas.
11.2 Los antiguos hace referencia a los santos del Antiguo Testamento mencionados como ejemplos de la fe en este capítulo. Ellos alcanzaron buen testimonio a causa de su fe obediente y activa y por su esperanza en la fidelidad de las promesas del Señor. .
11.3 La fe del cristiano respecto a la creación del universo por la Palabra de Dios es una muestra de aquello que no se ve pero se acepta por cierto con base en la veracidad de la Palabra de Dios (v. 1).
11.4 El ejemplo de Abel como adorador de Dios demuestra la necesidad de una fe acompañada de la obediencia a lo que Dios ordena sobre la forma en la que pide que se le adore, la forma de hacerlo no es de nuestra elección, él ha establecido el cómo hacerlo en su Palabra. Su sacrificio fue conforme a la voluntad de Dios.
11.5 Enoc fue transpuesto al cielo sin conocer la muerte física a causa de su vida de fiel y agradable a Dios.
11.6 La fe en las promesas de Dios debe ser firme, no se agrada él de quienes dudad acerca de su Palabra. Nada se recibirá de Dios sin la fe firme en su consejo.
11.7 La fe obediente de Noé es un ejemplo perfecto de la acción sumada al creer racional. El creer sin la acción necesaria en obediencia a la Palabra de Dios es insuficiente delante de él.
11.8–10 Abraham hizo expresión de su fe al salir de su casa en la tierra de Ur si saber a dónde iría, siendo un peregrino al vivir como extranjero en la tierra prometida y al hacer temporalmente de las tiendas de campaña su morada a la espera del cumplimiento de la promesa de Dios (Hechos 7.5).
11.11, 12 Isaac le fue concedido a Sara a sus 90 años de edad puesto que aún a pesar de su condición física creyó en que Dios cumpliría fielmente lo prometido. Así es que la esposa de un anciano de 100 años de edad, Abraham, una estéril mujer alcanzó lo que le había sido prometido por Dios.
11.13-16 Si bien ellos recibieron sólo parcialmente lo que Dios les había prometido, los antiguos se sostuvieron firmes en su fe acerca de la fidelidad de Dios. A causa de su relación personal e intima con Dios, no se complacían con el orden mundano alrededor de ellos, puesto que buscaban y esperaban un orden superior.
11.20 Es omitido el engaño de Jacob ofreciendo la idea del perdón completo de Dios quien a voluntad olvida el error.
11.21 Aun a pesar de haber perdido la vista, bien sabia Jacob que sobre Efraín, el hijo menor de José, estaban sus manos cuando pronunció mayor bendición (Génesis 48.13–20).
11.22 José afirmó y expresó su plena certidumbre de fe acerca de las promesas sobre la tierra prometida, y predijo la futura salida de Egipto de los hijos de Israel.
11.23 En el capítulo de la fe, el relato sobre Moisés inicia en la fe de sus padres quienes no temieron a faraón.
11.24-26 Sólo la fe de Moisés puede ser la explicación a tal renunciación por la esperanza depositada en el mundo venidero en lugar de en el presente de su gloría en Egipto. .
11.27 Es posible que haga alusión a la noche de su salida de Egipto. Él se sostuvo como viendo al Señor por su fe.
11.31 Rahab depositó su fe en los prodigios de Dios, ella había escuchado acerca de cómo Dios les había liberado y prometido la tierra a los de Israel (Josué 2.9–11).
11.32 Una consideración de las vidas de estos individuos señalados en el capítulo de la fe, resaltan la importancia de esta en la relación personal con Dios. Ellos alcanzaron el éxito en sus vidas espirituales como una resultante de su fe firme en la Palabra de Dios.
11.35-38 El haber sido algunos de los hijos de Dios atormentados, y expuestos a diversas formas de dolor, es una indicación clara de que la fe en sí misma no exime de manera automática al hombre de las dificultades propias de la vida. El ser sometido a las pruebas y el enfrentar las situaciones problemáticas de la vida, no significa necesariamente que quienes las experimentan sean poseedores de una fe inferior. La fe misma capacita al hombre para la superación de las pruebas mediante el apoyo en la Palabra, el poder y las promesas de Dios. Así, la fe que libra a un hombre de la muerte, fortalece a otros para aceptarla confiados en la presencia continua de Dios en ellos.
11.39, 40 Pese a su buen testimonio de fe, los santos de la antigüedad no recibieron las promesas de las bendiciones espirituales que disfrutamos los cristianos en el Nuevo Pacto a través de Jesucristo. Para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros: el cuerpo de Cristo con los salvos de la dispensación antigua y la nueva se manifestará un día en el regreso del Señor.
Capítulo 12
12.1 Los héroes victoriosos de la fe no son como ángeles puestos a nuestro cuidado, son un ejemplo de la fe por la cual igual podemos vencer, ellos son nuestros testigos, después de haber sido ellos mismos vencedores. Despojémonos de todo peso que nos impida el poder avanzar en nuestra carrera cristiana. Las competencias atléticas han sido usadas para ilustrar el carácter de nuestra carrera, ella exige disciplina y constancia, la carga del pecado nos detiene e impide avanzar. (I de Corintios 9:24; II de Timoteo 4:7).
12.2 Quien corre esta carrera debe mantener su mirada fija en la meta y en Cristo Jesús para poder alcanzar la victoria por medio de él.
12.5-11 Los hebreos no debían pensar que sus padecimientos significaban que Dios se hubiese desentendido de ellos. Contrario a ello, el Señor expresa su amor paterno al disciplinarnos. La disciplina del Padre tiene por finalidad la corrección de sus hijos, el proceder disciplinario es aplicado con amor. En vez de afligirse a causa de la corrección, ellos deberían gozarse al saber que por medio de sus aflicciones el Señor les estaba permitiendo crecer y madurar. No se trata de que Dios provoque tales aflicciones, más bien de que en su providencia las encamina a su bienestar (Romanos 8:28).
12.12 Por tanto, ellos debían dejar de lado su temor y afán. Finalmente todo esto redundaría en su bien.
12.13 Ellos debían ser un ejemplo y soporte espiritual para los demás que se pudieran debilitar.
12.14 En desarrollo de sus luchas frente al mundo, ellos debían procurara la paz y conservar su santidad.
12.15 Debían cuidarse mutuamente, evitando que alguno dejara su fe a raíz de la amargura, dicha amargura bien puede hacer alusión a la apostasía voluntaria de Israel en el desierto (Deuteronomio 29.18).
12.16, 17 El error de Esaú es un ejemplo y advertencia a la vez para ellos. No deberían renunciar a las bendiciones porque luego tal vez no podrán recuperarlas, un desliz temporal y deliberado puede no tener retorno a más de conducirnos al fracaso espiritual.
12.18–24 El judaísmo y la ley representados en el monte Sinaí y el cristianismo en el monte de Sión, la Jerusalén celestial son diferentes, el antiguo sistema legal no justificó a Israel, sí lo hace el Nuevo Pacto en la sangre del Señor. .
12.25–29 Si quienes rechazaron la revelación entregada a ellos en monte Sinaí no escaparon al juicio de Dios, mucho menos lo haremos nosotros, si desechamos la perfecta revelación recibida del Hijo de Dios. Con el retorno del Señor serán removidas todas las cosas terrenales temporales, para permanecer sólo las inconmovibles y eternas (v. 27). Así que a través de un en un servicio continuo bien debemos mostrar gratitud para con Dios.
Capítulo 13
13.1 La exhortación final hacia el amor, la hospitalidad y otras necesidades inicia aquí.
13.2 La hospitalidad, una muestra del amor solidario, el abrir las puertas al viajero que profesa la fe puede representar nuevas e inesperadas bendiciones de Dios en nuestras vidas.
13.3 Ellos debían servir a quienes sufrían a causa de su fe al recordar que también así mismo ellos hacen parte del mismo cuerpo (I de Corintios 12:26).
13.4 El lecho sin mancilla: La preservación de la santidad del nexo matrimonial, lejos de las prácticas sexuales aberrantes mundanas dominadas por la lascivia.
13.5, 6 La avaricia y el afán suscitado por los intereses terrenales sólo puede ser superada por la confianza absoluta en la provisión de Dios (Mateo 6:33), así, bien podemos decir confiadamente: El Señor es nuestro ayudador; no temeremos.
13.7 Es presentado el ejemplo de la fidelidad de los pastores, ellos debían imitar su proceder.
13.8 El Señor en su carácter es invariablemente el mismo en todas las edades.
13.9 No debían dejarse mover a las falsas doctrinas
13.10 El altar del cristiano es la Cruz del Señor.
12 Al hacer el ritual del día de la Expiación, los cuerpos de los animales de los cuales se llevaba la sangre al Lugar Santísimo se quemaban fuera del campamento (Levítico 16.14, 27). Jesús, lo opuesto a este tipo de sacrificio, fue crucificado en las afueras de la ciudad de Jerusalén (Juan 19.16, 17).
13.13, 14 El vivir leales a Cristo implica una separación total de las prácticas del mundo temporal.
13.15, 16 La iglesia cuyos miembros constituimos hoy el sacerdocio real que ministra los bienes espirituales de Dios (I Pedro 2:9; Apocalipsis 1.6), ofrece al Señor un sacrificio continuo de alabanza, este es el fruto de labios que confiesan su nombre.
13.17 La sujeción a los pastores es recomendada de parte de Dios, ellos darán cuenta a Dios por nosotros, el sujetarse a ellos debe ser con ánimo pronto y buena disposición (I de Tesalonicenses 5:12).
13.18, 19 El autor ha estado sirviendo antes entre ellos y pide oración por que pueda volver a ellos.
13.20, 21 Después de haber pedido sus oraciones, el autor ora por sus lectores hebreos.
13.23 En el Nuevo Testamento no se nos proporcionan detalles acerca del momento y las circunstancias que rodearon al encarcelamiento de Timoteo, entonces estaba en libertad
13.24 El saludo fraterno de los de Italia no infiere forzosamente que la epístola haya sido redactada desde allí.