Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.
Carlos Ardila
Es ya el último domingo del año, han sido muchos los gratos instantes del compartir fraternal en torno al nombre del Señor y de la común fe que nos une en su amor y en la unidad de nuestra misma y única visión de servicio leal al rey.
Con el correr de los años avanza a la par nuestro tiempo en el mundo presente que bien sabemos no ha de ser nuestra morada permanente (Filipenses 3:20,21), y en tanto que nuestro hombre exterior se va desgastando en el tiempo, el interior en el Señor cada día se va renovando (II de Corintios 4:16).
Como iglesia, familias e individuos, hemos sido por el Señor muy bendecidos, sea este el tiempo de expresarle a él nuestra gratitud, así como de reiterarle nuestro amor y dedicación, a la vez que de presentarle y ofrecerle a él de antemano nuestros planes futuros (I de Tesalonicenses 5:16-18; Proverbios 16:3; Salmos 37: 4-6).
Al igual que en todas las carreras, el esfuerzo de cada uno de los pasos dados nos acerca a la meta, el trascurrir de los años nos acerca a nuestra morada eterna, como hasta hoy, no desmayemos teniendo la certeza de la fidelidad de quien nos ha prometido exaltarnos al cielo en su regreso (Colosenses 3: 1- 4; Hebreos 12:1-4; Apocalipsis 2:10), y aprovechemos el tiempo que por él nos es concedido (Efesios 5: 15-17).
Gracias hermanos por su amor, constancia, fidelidad y servicio dedicado al Señor en el reino; al finalizar el año en curso, disfruten de un muy buen final y luego de un aún mejor inicio de la bendición del entrante.
¡Feliz y prospero año nuevo!
Carlos Ardila





