domingo, 27 de febrero de 2011

¡AY QUÉ FIACA LAS CLASES / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por: 
Carlos Ardila


Es la exclamación más sonada en los días anteriores y cuánto más hoy domingo puesto que mañana lunes reinicia el ciclo de estudios para el año presente en la República de la Argentina;  efectivamente, han concluido ya las vacaciones de verano y al darse inicio a las clases, la fiaca o la pereza, sin generalizar, hace presa de los chicos quienes desde ahora entre semana, ya no se levantarán más tarde y para los cuales el cumplir con sus deberes académicos será la constante.

¿No es una gran bendición la educación? Ésta en todos sus niveles desde el primario hasta el superior universitario es gratuita en la Argentina, fortuna con la cual no se cuenta en muchos lugares en los cuales no la hay o a la cual pueden acceder tan sólo un número reducido de estudiantes con los recursos económicos necesarios para costearla en los países donde ella es privada e incluso en algunos casos lamentablemente muy costosa.

Después de muchos años de esfuerzo, dedicación y sacrificios, la buena educación produce sus frutos, médicos, ingenieros, abogados… y tantos más profesionales que nos hacen la vida más cómoda y derivan de sus profesiones su sustento, disfrutando muchos de ellos del trabajo que realizan con amor en su beneficio personal y en el de los demás.

Cuán útiles son los test vocacionales que nos indican cuáles son nuestras habilidades, gustos e inclinaciones naturales hacia una determinada profesión de la cual no solo derivemos nuestros ingresos futuros, sino además de la cual disfrutemos al desarrollarla, ahora, toda profesión requiere de especialización y de actualización permanente en el tiempo para mantenerse al día y a tono con los avances de la misma en un mundo cada vez más exigente y competido.

Como hijos de Señor, hemos hecho nuestra elección por una profesión espiritual al decidir vivir de acuerdo a la fe que profesamos y al mundo anunciamos (Hebreos 3:1; 4:14; 10:23); al igual que en la educación para una profesión secular y aún mucho más, esforcémonos por estudiar la Palabra de Dios que nos hace cada día mejores, que sea ésta educación espiritual un deseo, una pasión cotidiana frente a la cual no digamos jamás: ¡Ay qué fiaca su estudio! (Salmos 1:1-3).