miércoles, 6 de abril de 2011

EN EL GIMNASIO ESPIRITUAL / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.


Por:
Carlos Ardila


Son tantos y tan variados los cuidados que bien nos ocupamos de dar a nuestros cuerpos, pululan  en la actualidad  en la ciudad de Buenos Aires una gran cantidad de gimnasios sumados a diversidad de recursos materiales  que puestos gratuitamente a disposición del público en general a través de programas tales como “Mejor en Bici” implementado por el gobierno de la ciudad, nos permiten ejercitarnos para el cuidado y el desarrollo del aspecto físico para no sólo preservar y mejorar nuestra salud, sino además para hacernos sentir mejor y más atractivos a nuestros ojos y a los de los demás.

De otro lado, es hoy muy abundante la oferta de productos naturales que siendo regularmente consumidos bien contribuyen al mejoramiento de la condición física humana no sólo en beneficio de su salud sino además incrementado en sus consumidores las fuerzas, permitiéndoles a éstos un aún mayor rendimiento en la ejecución de sus labores cotidianas.

Ahora, ¿es inferior,  igual, similar o mayor el cuidado que damos a nuestra condición espiritual? El ejercicio corporal nos hace más fuertes, saludables y atractivos, no es diferente el resultado del cuidado interior si acaso nos lo damos con misma intensidad y disciplina dedicada al cuidado y al mejoramiento físico que sin duda alguna todos nos damos, ¿Cuántas horas pasamos frente al espejo al peinarnos, rasurarnos, maquillarnos…? ¿Cuánto tiempo y dinero invertimos en salones de belleza y gimnasios? ¿Cuánto tiempo pasamos leyendo la Palabra de Dios? ¿Cuánto nos ejercitamos en el aspecto espiritual? ¿Somos en él fuertes o débiles? ¿Lucimos espiritualmente agradables por haber mejorado nuestro carácter? Cualquiera sea nuestra condición, cada día puede ser mejorada en el gimnasio espiritual que es dicha Palabra si decidida y constantemente le permitimos a ella obrar en nuestro interior al ejercitarnos en su lectura y practica.

“Pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho,  la piedad es útil para todo,  ya que incluye una promesa no sólo para la vida presente sino también para la venidera” (I de Timoteo 4:8).