miércoles, 1 de junio de 2011

DEBILIDAD ¿ O PRUDENTE PACIENCIA? / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.



Por:
Carlos Ardila


“Mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu” (Eclesiales 7:8b). “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1).

Al no ser reactivamente agresivos ni violentos tanto al hablar como al actuar, las personas espirituales eventualmente resultamos ser débiles en el juicio de quienes carecen del conocimiento de la Palabra de Dios quien desea la prudente y mansa paciencia como elemento siempre presente en el vivir de sus fieles al enfrentar y asumir las variadas situaciones y circunstancias que en lo cotidiano la vida nos plantea (Gálatas 5: 22).

Definida la paciencia nos indica la capacidad  de padecer, soportar y el sobrellevar en calma las pruebas, penas, provocaciones, dificultades y situaciones adversas la vida sin quejas ni lamentos, tensiones ni violencia, a más del saber esperar al suceso o al logro de un algo en el tiempo.

Desde luego, la paciencia debe operar siempre en todas y cada una de las esferas o aspectos de nuestro vivir e interactuar con los demás; así, ella nos es necesaria para:

Con nosotros mismos en la búsqueda, esfuerzo y espera de los resultados que deseamos obtener, bien sea en el orden espiritual o en el material… (Salmos 37:4-6; Efesios 3:20), para con los demás en el trato interpersonal social en general y aún más,  mucho más en el relacionarnos en el aspecto espiritual de nuestro convivir en la comunión del Señor, sean o no pacientes, amables, agradecidos,  generosos y amigables…  para con nosotros los demás (Efesios 4:2; Colosenses 3:12-14; I de Tesalonicenses 5:14; Santiago 3:17).

Ahora, ¿De dónde obtendremos la paciencia? De las Escrituras y del ejemplo del Señor (Romanos 15:4; II de Pedro 3:9). ¿Qué resultados produce en nuestro beneficio la paciencia? La paz interior que siempre debemos procurar (Santiago 3:17,18), y la unidad que cada día debemos esmerarnos en conservar (Romanos 15:4,5), a más de nuestra tan preciada salvación en la espera paciente de las fieles promesas del Señor (Hebreos 6:12).

Así es que hermanos, ¡nunca débiles!, siempre fuertes en el dominio propio de quienes como el Señor desea, hablemos y actuemos haciendo siempre uso de nuestra mansa y  prudente paciencia.