miércoles, 1 de junio de 2011

ENFRENTA, DERRIBA Y DERROTA A TUS GIGANTES / REFLEXIÓN DEVOCIONAL


Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.



Por:
Carlos Ardila


Personas de gran estatura, fuerza y poder sin duda intimidarían a adversarios de menor estatura, fuerza y poder en una competición deportiva como la lucha olímpica en la cual se hace necesario el contacto físico para vencer; sin embargo, en dichas competencias son clasificados los competidores en categorías iguales por peso, a fin de hacer que sean solamente enfrentados entre sí rivales en las mismas posibilidades de ganar al competir. Ahora, ¿qué decir del enfrentar alguien a un competidor que ampliamente le supere en estatura, fuerza, poder e inclusive armamento? Muy seguramente todos querríamos eludir tal situación.

Respecto a la confrontación en batalla entre dos individuos en condiciones físicas en extremo diferentes, desventajosas si acaso les juzgáramos de acuerdo a la medida o a la clasificación de los contrincantes en las justas deportivas,  la Palabra de Dios nos da cuenta del enfrentamiento entre David, un humilde pastor de Israel, y Goliat, el arrogante gigante paladín filisteo, un guerrero experimentado y de una descomunal estatura cercana a los tres metros frente a un judío de estatura y fuerza promedio sin experiencia alguna en la guerra quien derribó y venció a su poderoso oponente.

Ahora, ¿Qué hizo la diferencia en batalla entre éstos dos adversario? ¿Cuál fue la razón por la cual David triunfó sobre Goliat en condiciones tan aparentemente desfavorables? Veamos: Goliat confiaba en su estatura, fuerza y poder físicos a más de en su armamento (I de Samuel 17:42-44), en tanto que David lo hacía en el poder del Señor en cuyo nombre enfrentó y derrotó al filisteo (I de Samuel 17: 45-52).

Día a día de nuestras vidas lidiamos con nuestras debilidades,  ¿algunas de ellas al haber ganado ventaja se han hecho enormes en nuestras vidas? ¿Tan poderosas qué nos pareciera jamás podríamos vencerlas? ¿Quizás ante éstas nos sentimos impotentes al habernos ellas derrotado una y otra vez al haberlas enfrentado solos…? ¿Y qué si decidiéramos enfrentarles en el nombre o en el poder del Señor como hiciera David ante Goliat? De seguro venceríamos, ¿lo haremos confiando en su ayuda? De su mano la victoria es segura, en su nombre, en fe, oración y decisión, enfrentemos, derribemos y derrotemos a nuestros propios gigantes (Efesios 6:10-18).


!Bendiciones!