miércoles, 13 de julio de 2011

CUANDO EL HOMBRE LIMITA A DIOS / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.



Por:
Carlos Ardila


Bien nos son sabidas la omnipotencia y soberanía absoluta de nuestro Dios sobre su creación; ahora, contraria a la creencia religiosa en el sentido de doblegar Dios la voluntad  del hombre para rendirlo arbitrariamente a sus pies conocida como la “gracia irresistible de Dios”, nos son  indicadas en su Palabra la libertad y autonomía personal de las cuales el Señor nos ha dotado para en consciencia hacer nuestras decisiones y elecciones individuales asumiendo desde luego con ello sus consecuencias (Génesis 2:17; 3:6; Deuteronomio 30:15,19; Romanos 11:22). 

¡Doblégalo Señor, tráelo y ríndelo a tus pies! es la oración sincera de algunos creyentes quienes bien intencionadamente “interceden” ante Dios en favor de aquellos a los que aman y anhelan salvos; ahora, ¿tal “intercesión” invariablemente hará salvas a las almas? No necesariamente, dado que Dios se limita a sólo actuar en el corazón de quien decidida, libre y autónomamente abre su mente al conocimiento y a la aceptación de su soberana voluntad (Hebreos 11:6; 3:7-19; II de Tesalonicenses 2:12).

¿Entonces que nos dices acerca de la expresión: “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa”? ¿Qué no fueron salvos los de la  familia del carcelero de Filipos a causa de la fe de éste en el Señor?  Pues bien, en el texto en mención nos es evidente que la salvación corresponde a la gracia de Dios en favor de quienes libre y autónomamente  deciden aceptarla; bien nos es observable en el pasaje en cuestión que todos ellos con él oyeron, creyeron y obedecieron a la Palabra de Dios  sin ser la fe de un solo individuo suficiente y acepta para la salvación de todos los de su casa (Hechos 16:31-34).

En el anterior orden de ideas, en cuanto a la salvación, el poder soberano de Dios sólo actúa en el corazón de quienes libre y autónomamente quieren permitirle a Él obrar en sus vidas; lo mismo sucede en relación con la transformación interior del hombre quien ya habiendo oído, creído y obedecido a Dios no logra aún superar sus deficiencias de carácter por continuar aferrado a sus anteriores hábitos carnales (Efesios 4:22-32)  ¿si ya oyeron, creyeron y obedecieron, cómo es que no han cambiado? Simple, su obediencia y sumisión no han sido continuas en el tiempo, con lo cual han  estado limitando el poder transformador de Dios en aquellas áreas de sus vidas que no le han rendido a plenitud para ser por Él transformadas a su imagen. ¿Has estado tú limitando al Señor al no haberle aún entregado el pleno de tu ser? (I de Tesalonicenses 5:22,23).