miércoles, 13 de julio de 2011

PARA ÉL NO HAY NADA IMPOSIBLE / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por:
Carlos Ardila


Sueños, anhelos,   y obstáculos  interpuestos entre ellos distanciándonos de su logro, planes, proyectos, y la aparente imposibilidad de su alcance, situaciones problemáticas bien de salud o laborales… entre otras  variadas circunstancias más sucediéndose en nuestras vidas nos confrontan a diario con nuestra fe en el Señor.

Bien nos es sabida la omnipotencia como uno de los atributos únicos de Dios; sin embargo, ¿confiamos plenamente en Él al acercárnosle en oración? O al hacerlo, aunque nuestras palabras mecánicamente pronunciadas  parecieran expresar fe, ¿con nuestros pensamientos y actitudes de temor, angustia, turbación y preocupación hacemos evidente nuestra falta de ella impidiendo al poder de Dios fluir libremente y de acuerdo a sus promesas en nuestro beneficio?

Grandes podrían ser nuestros sueños, anhelos e ilusiones, así como quizás lo sean nuestros proyectos o incluso aún enorme la gravedad de aquello que de momento nos sucede y aflige sin poder nunca ser tales situaciones o circunstancias temporales superiores al poder de Dios quien desea y ha prometido responder a nuestras oraciones siempre que le seamos fieles y éstas le sean formuladas conforme a su buena voluntad para nosotros, estando dispuesto a darnos más allá de lo que de Él entendemos o esperamos (Mateo 7:7-11; I de Juan 3:21,22; Efesios 3:20).

Al orar, nunca limitemos el poder del Señor  dirigiéndonos a Él de manera rutinaria y presas subconscientes de la duda, el temor y la desconfianza características de la preocupación, sino teniendo siempre presente al hacerlo el atributo soberano de la omnipotencia de nuestro buen Padre Dios, a la vez que estando plenamente convencidos de su permanentemente dispuesta voluntad de ayudarnos (I de Pedro 5:7; Isaías 41:10).

Si grandes son nuestras metas, si enormes son acaso nuestros problemas, gigantesco y aún más, sin límites es el poder absoluto de nuestro Dios, ¿por qué dudar si hasta hoy el Señor nos ha sido siempre fiel? Cada vez, al plantearnos de manera sabía y objetiva nuestras metas y al encarar las situaciones difíciles o problemáticas de nuestras vidas, hagámoslo teniendo en mente que para Él no hay nada imposible (Lucas 1:37), y  por fe  permitámosle actuar en nuestro beneficio (Mateo 17:20).