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Por:
Carlos Ardila
A diario, cada quién de nosotros vive la experiencia del viajar de un sitio a otro de la ciudad, desde luego, algunos desplazamientos más nos conducen a mucho mayores distancias; ahora, eventualmente y al transitar por el camino, bien pudiéramos hallar obstáculos que en éste temporalmente nos detengan e incluso podrían llegar a impedirnos el llegar a nuestro destino.
Carlos Ardila
A diario, cada quién de nosotros vive la experiencia del viajar de un sitio a otro de la ciudad, desde luego, algunos desplazamientos más nos conducen a mucho mayores distancias; ahora, eventualmente y al transitar por el camino, bien pudiéramos hallar obstáculos que en éste temporalmente nos detengan e incluso podrían llegar a impedirnos el llegar a nuestro destino.
Recientemente fueron suspendidos los vuelos internacionales, no solo en la Argentina, sino además en varios países más del cono sur debido a la emisión de cenizas del volcán chileno Puyehue, mismas que hacían imposible la aeronavegación que de ser realizada en tales circunstancias significaría un grave riesgo para la vida tanto de los tripulantes de las aeronaves, como para la de los pasajeros a bordo de éstas.
Bien nos es sabida la temporalidad de nuestras vidas sobre la tierra, el inmenso y a la vez pequeño globo en el cual están éstas contenidas, y al igual que a diario nos trasladamos de un lugar a otro, distante o no, a la par en el mundo nos sabemos viajeros en tránsito hacia el cielo (Filipenses 3:20,21; Colosenses 1:5; I de Pedro 1:4).
Varios, como ya ha sido indicado, podrían llegar a ser los obstáculos que eventualmente al viajar hallaríamos en nuestro camino, a saber y en mi entender, entre éstos, los siguientes tres: Los puestos por la naturaleza misma, sumados a aquellos que quizás interpondrían las acciones de terceros en nuestro perjuicio, a más de los que nosotros mismos nos ponemos.
Ahora, existe una diferencia entre las anteriores tres clases de obstáculos, las dos primeras nos resultan evidentes, notorias, casi inconfundibles, y por tanto más fácilmente superables, en tanto que la tercera de éstas, generalmente oculta a nuestros ojos pasamos desapercibida distanciándonos ella cada vez más del logro de nuestros objetivos. ¿Son tus pensamientos, carácter, conducta… los obstáculos que auto impuestos te impedirían llegar al cielo? De serlo y al ir de viaje ¿no crees qué deberías retirarlos ahora mismo del camino?
