viernes, 26 de agosto de 2011

A TRAVÉS DEL CRISTAL DE MI VENTANA / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.



Por:
Carlos Ardila


Al observar a  diario través del cristal de mi ventana y siendo por la gracia de Dios otro diferente al de Buenos Aires el paisaje que ahora contemplo en tan distante país en el cual ya no me es el inverno sureño el tiempo climático imperante, sino en su lugar el intenso y variado verano norte americano oscilante entre sus días nublados y soleados, entre la lluvia refrescante y sus más elevadas temperaturas, reflexiono respecto al como debiéramos encarar y asumir cada uno de nuestros días en todos y cada uno de los lugares y en medio de las circunstancias en las cuales nos hallemos, fueren éstas cuales fueren.

Y es que él como permitimos que el lugar, el tiempo y el entorno al estimularnos impacten de manera positiva o negativamente en nuestras mentes, incide en la forma en la cual actuamos y asumimos la vida; desde luego, el modo en el que dichos estímulos nos afecten, dependerá para bien o para mal de la programación mental que a través de la fuerza del pensar nos auto direccione (Filipenses 4:8; I de Tesalonicenses 5:16).

En el anterior orden de ideas, tanto un día gris, nublado y lluvioso como otro claro, radiante y soleado, nos serán de bendición, excepto que al cristal a través del cual les observemos le hubiese opacado el efecto neblina del fatal pesimismo que perturba, confunde y distorsiona la visión.

Alguien  indicó: “Todas las cosas son del color del lente a través del cual se les mira”. Todos los días nos sean de bendición al serles vistos a través del cristal limpio de la fe y la esperanza que en nuestras ventanas nos permita ver claramente tanto al interior como al exterior de nuestro mundo, jamás permitamos al lugar, al tiempo y a las circunstancias empañar nuestra lente para afectar de manera negativa a nuestras vidas, sin duda, al observar y asumir la vida en fe y optimismo, en todo lugar, tiempo y circunstancias, el Señor nos colmará de sus más ricas y generosas bendiciones; así, a través del cristal de nuestras ventanas, vean nuestros ojos su luz,  apreciemos a la vez que agradezcamos y disfrutemos de su amor desarrollando siempre la correcta visión de su buena y agradable voluntad para con nosotros (Lucas 11: 34-36).