Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.
Por:
Carlos Ardila
Todos precisamos de un lugar en el cual habitar, séanos éste prestado, rentado o de nuestra propiedad por habérsenos obsequiado o heredado o por haber sido por nosotros mismos adquirido, cualquiera sea el caso, en definitiva, dicho espacio de habitación nos provee de la comodidad y de la seguridad que nos son necesarias.
Carlos Ardila
Todos precisamos de un lugar en el cual habitar, séanos éste prestado, rentado o de nuestra propiedad por habérsenos obsequiado o heredado o por haber sido por nosotros mismos adquirido, cualquiera sea el caso, en definitiva, dicho espacio de habitación nos provee de la comodidad y de la seguridad que nos son necesarias.
Al estar en posesión de un bien inmueble, sea éste cual fuere, y a fin de hacer más placentera nuestra estadía en él, le limpiamos a más de adornarle para conservarlo a la vez que hacernos de un más agradable ambiente.
Si bien el Señor nuestro Dios no habita en templos hechos a mano, de manera especial su presencia estuvo representada en el templo que le fuera por Salomón levantado para ser llamado su casa (Isaías 66:1,2; Hechos 7:48-50; I de Reyes 5:5; 6:1; II de Crónicas 7:1-3), y finalmente destruido a manos del ejercito romano liderado por Tito en el año 70 de nuestra era.
Con relación a nuestros cuerpos y a la iglesia del Señor, la Palabra de Dios dice ser ambos templos o moradas de su Espíritu (I de Corintios 6:19; 3:16); así, de la forma en la cual limpiamos y adornamos nuestras casas para ser el espacio físico en el cual nos gocemos, de modo similar bien debiéramos cada día limpiar y adornar tanto nuestro ser integral (I de Tesalonicenses 5:23) como nuestra iglesia a fin de hacerles habitaciones santas y de gozo para nuestro Dios.
Ahora, al visitar a alguien en su domicilio y al ser amablemente en éste por él acogidos, sin duda alguna luego querremos volver, de manera semejante, nuestra actitud al encarar y asumir la vida hará que el Señor se sienta a gusto o a disgusto con nosotros (Efesios 4:30; Apocalipsis 3:16).
Bien no es sabida la temporalidad, tanto de nuestras vidas como la del cosmos mismo, un día nuestras vidas serán deshechas y nuestro mundo será destruido (Hebreos 9:27; II de Pedro 3:10.12); sin embargo, una morada eterna nos ha sido por el Señor reservada (Juan 14:2,3), no obstante, el poder ir a tomar posesión de ésta, depende en absoluto del como vivamos en el tiempo presente, en este orden, con nuestra actitud, limpiemos y adornemos nuestro ser integrante de la Iglesia del Señor que al ser nosotros mejores, mejor será también para Él.
