miércoles, 14 de diciembre de 2011

PAUTAS PARA EL TRABAJO EN EQUIPO / MISIONOLOGÍA

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por:
Carlos Ardila


Al abordar nuestra labor al servicio del Señor tanto en las misiones, como en las congragaciones ya establecidas y en las instituciones del reino, bien hemos de sujetarnos a  algunas directrices normativas que nos permitan mantener la unidad de nuestros equipos y en tal medida posibiliten nuestro mejor desempeño.

En el anterior orden de ideas y aunque consciente de la necesidad de un mayor espacio y detalle para el tratamiento de la a veces complejidad del tema, a continuación sintetizo  algunas de las pautas a ser consideradas para la realización del trabajo en equipo, que si bien podrían resultar ser absolutamente obvias entre nosotros, desde luego requieren de ser constantemente repasadas:

PRINCIPIOS RECTORES PARA LA REALIZACIÓN
DEL TRABAJO EN EQUIPO.

Introducción:

A.    La unidad como elemento indispensable para la creación y la preservación de una atmosfera adecuada para servir unidos al Señor, requiere de la observancia de por lo menos los siguientes principios entre otros más rectores de las labores de equipo (Efesios 4:3-6):

  1. EL PRINCIPIO RECTOR DE LA SUJECIÓN (Colosenses 1:18):
A.    De todos y cada uno de los miembros del equipo a los principios teocráticos rectores contenidos en la revelada Palabra de Dios (II de Timoteo 3:16,17; I de Pedro 4:11).
B.     De los unos a los otros en el temor de Dios (Efesios 5:21).
C.    De todos y cada uno de nosotros a las autoridades civiles puestas por Dios, siempre que éstas no contravengan los principios teocráticos rectores de nuestra fe (Romanos 13:1-6; Hechos 4:1-31).

1.      De manera consensuada, cada actuación como cada decisión del equipo deberá estar ajustada al principio rector de nuestra sujeción a Dios, de los unos a los otros y de todos nosotros a las autoridades civiles siempre que no contraríen  éstas la revelada voluntad del Señor.

  1. EL PRINCIPIO RECTOR DE LA ARMONÍA (Salmos 133:1-3):
  1. Gentileza (Filipenses 4:5).
  2. Respeto (Romanos 13:7).
  3. Paciencia (Efesios 4:2; Colosenses 3:12,15)
  1. EL PRINCIPIO RECTOR DE LA CONFIABILIDAD (Efesios 4:25):

  1. Los miembros del equipo deberemos poder confiar y contar con el apoyo y el respaldo de los unos para con los otros (II de Co 1:7; Filipenses 4:3; Filemón 1:17).

1.      Como equipo hemos de compartir el crédito por todos y cada uno de los aciertos a la vez que unidos asumiremos como nuestros los fracasos (I de Co 12:25-27).
2.    Al confiar los unos en los otros subordinaremos nuestras opiniones e intereses personales en función de los intereses colectivos del equipo que a su vez honrará siempre al Señor (Filipenses 2:4; I de Co 13:5).


  1. Comunicación: Elemento vital para la comprensión, la acción y la preservación de la unidad mediante la resolución de los posibles conflictos.

1.      Provee la totalidad de la información ofrecida oportunamente a todos y a cada uno de los miembros del equipo, considera y delibera sobre las situaciones dentro del ámbito de las reuniones del equipo y en presencia de todos sus miembros, nunca antes ni fuera de éstas o en ausencia de alguno de sus miembros, excepto autorizaciones o delegaciones de éstos al resto en tal sentido (Efesios 4:25).
2.      En la dinámica de la comunicación al dialogar: Escucha / Evalúa / Habla / Calla: Los roles hablante oyente desempeñan sus funciones, el oyente escucha y evalúa la totalidad del mensaje del hablante, luego los papeles se invierten  (Santiago 1:19).

  1. Confidencialidad: Los miembros del equipo deberemos guardar reserva sobre los detalles de nuestras deliberaciones sin ser éstas filtradas innecesaria e inconvenientemente al exterior de nuestra organización (Filipenses 2:14,15).

Conclusión:

  1. Con base en las consideraciones anteriores podemos observar que:

1.       Nos necesitamos los unos a los otros (I de Co 12:12-21).
2.     No trabajamos los unos para los para otros; lo hacemos los unos con los otros por y para la sola gloria del Señor (Colosenses 3:17, 23,24; I de Pedro 4:11).
3.      Las funciones de ninguno de nosotros revisten mayor importancia que las funciones del resto de nosotros (I de Co 12:22).  
4.     Nuestros objetivos comunes son más importantes que nuestros desempeños e intereses personales (Filipenses 2:4-8).