Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.
Carlos Ardila
Ya están desde días atrás disponibles los artículos navideños en todas las vitrinas de los comercios de nuestras ciudades, se acercan las fiestas, se aproxima el término del año, concluyeron las clases del calendario académico, finalizaron los más importantes torneos deportivos y un sinnúmero más de sucesos nos señalan el epilogo de hechos, eventos y actividades laborales y académicas cuyo ciclo ha de ser reiniciado en breve entrado el año nuevo.
Anticipadamente planificamos nuestras vacaciones, elegimos nuestras prioridades, es este un tiempo en el que usualmente recibimos o adquirimos tanto calendarios como planeadores y agendas, elementos que bien sean convencionales o electrónicos nos son útiles a la hora de proyectar y de definir nuestras actividades futuras.
Al mirar hacia atrás en el tiempo nos está presente la sensación del haberse sucedido éste de una manera tan rápida que casi le pasamos desapercibido, algunas personas suelen lamentar el no poder disponer del tiempo que juzgan insuficiente para hacer cuanto quisieran; sin embargo, la Palabra del Señor nos dice que existe un término preciso de éste para todo siempre que en realidad lo deseemos apartar (Eclesiastés 3:1-8).
Pensando en el tiempo, recurso tan valioso como pasajero, y sin tener certeza del día de mañana como fijo (Santiago 4:13-15), ¿hemos desde ya estado pensando de manera prioritaria en la parte de éste que dedicaremos al Señor, a nuestra edificación espiritual y a nuestros deberes cristianos?
Al planificar nuestro tiempo y desde ahora en más en lo por venir ¿Qué sitio ha de ocupar el Señor en NUESTRA AGENDA PERSONAL (Colosenses 1:18)?
¡Bendiciones!
¡Felices fiestas!
