sábado, 21 de enero de 2012

¡NO CÓMO EN UN REALITY SHOW / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por:
Carlos Ardila

Como si nuestro vivir se tratase de Gran Hermano, uno de los más popularizados reality shows televisivos cuyo formato ha sido usado en diversos países al mostrar en vivo y en directo de manera a veces cruda las más íntimas situaciones del convivir cotidiano de sus protagonistas quienes voluntariamente deciden someterse a las condiciones y exigencias de la producción de la serie en procura del premio en dinero otorgado al participante quien permaneciendo hasta el final sin ser expulsado del espacio en el que conviven resulte vencedor.

Son muchas las personas  que al seguir la trama del show se identifican con alguno o varios de los participantes a la vez que otros más de ellos les generan las más desagradables impresiones,  en razón de ello,  la permanencia y el éxito de unos es por simpatía tan esperada como deseada en tanto que por antipatía la expulsión y el fracaso de otros es tan anhelada como celebrada por los seguidores de la serie.  

Ahora, ¿debieran o no los cristianos dedicar algo de su tiempo a observar programas semejantes?, muy seguramente tendrás tu propia respuesta a tal inquietud, muy posiblemente alguien dirá que algo positivo podría obtener al hacerlo contrario a lo cual otros más pensarán que nada bueno resaltará de observarlos.
Con ser que la idea en la serie es que la vida de los participantes  trascurra  lo más naturalmente posible, es obvio que es mezclada en ella mucho de actuación.

Sin ser participantes de un reality show semejante, en lo real de nuestro vivir son muchas de nuestras actitudes y acciones a diario observadas por los demás, no sólo en casa, sino en nuestros lugares de estudio o de trabajo y una sola debe ser nuestra conducta tanto en lo reservado de nuestra intimidad, como en lo público de  nuestro accionar natural en vez de tan sólo ante los hombres actuado al ser observados (Mateo 5:14-16; I de Pedro 3:12).

Permanezcan así nuestras buenas obras hasta el final para vencer y causemos al mundo alrededor una buena impresión  no sólo de nosotros mismos sino de nuestro Dios en quien vivimos, nos movemos y somos (Efesios 2:10; Apocalipsis 2:10; Hechos 17:28).