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Carlos Ardila
Salvos por gracia y justificados gratuitamente por Dios a través de Jesucristo, son expresiones muy propias y usuales entre nosotros, y sí bien es cierto lo que ellas declaran, algunas veces son mal interpretadas al pensar e inclusive enseñar algunos que en absoluto algo más allá de tan sólo confesar creer en el Señor o el levantar la mano en una reunión en señal de haber depositado fe en Jesús o el repetir la oración de fe guiada por el “pastor” con la mano sobre la radio en definitiva les hacen salvos…
Desde luego, y lejos de la intención de hacer juicios acerca de la forma en la que otras personas entienden y viven su fe, quiero hoy llamar la atención hacia la relajada comodidad que las deficientes interpretaciones de la Palabra de Dios producen, lo cual a su vez pudiera estar afectándonos al tomar contacto con dichas enseñanzas conducentes a la infidelidad y a la mediocridad espiritual.
Con relación a las obras, el Señor Jesús dijo lo siguiente: … “Porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado” (Juan 5:36b), indicando con ello que su vida y sus acciones concretas daban muestra clara de ser Él el Hijo de Dios, y “… mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra” (Juan 4:34), ilustrando con tales palabras que para Él era el hacer la obra de su Padre una necesidad espiritual tan básica y constante como el alimentarse de manera material.
Ahora, ¿de forma similar hacemos las obras de nuestro Padre?, ¿dan ellas testimonio de nuestra fidelidad e integridad espiritual?, ¿nos resulta tan necesario como apremiante o urgente el llevar a cabo la obra de nuestro Padre?
Jamás olvidemos que el Señor de antemano ha preparado buenas obras en las cuales desea que andemos (Efesios 2:10), y que nuestra fe indispensablemente debe ir siempre acompañada de dichas acciones (Santiago 2:26; Apocalipsis 22:12; II de Corintios 5:10), una de las cuales nos debería ser tan necesaria como urgente, el hablar cada vez más y más al mundo del Señor (Hechos 5:42).
