Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.
Carlos Ardila
¿Cuántas veces nos hemos sentido derrotados y presos del desanimo quizá hayamos deseado renunciar a nuestros sueños y ya no esforzarnos más por conseguir aquello en lo que intento tras intento fracasamos y ahora consideramos más que lejano imposible?
¿Por qué seguir orando? ¿Por qué seguir esperando en aquello que después de orar insistentemente aún no nos ha sido concedido?
¿Por qué seguir luchando contra aquellas debilidades que pese a nuestros muchos esfuerzos aún no hemos logrado superar?
En tales circunstancias, y muy seguramente por lo menos una vez así nos hemos sentido, bien hemos de pensar: ¿Quién más que nadie desea nuestra derrota?, y sin esforzarnos demasiado de inmediato obtendremos la respuesta, ¡nuestro enemigo Satanás! Sin embargo, y en contraste, ¿quién más que nadie desea nuestro éxito?, y aún con mucho menor esfuerzo obtendremos la respuesta, ¡El Señor nuestro Dios!
En vista de nuestros deseos de superación tanto espiritual como material, del deseo de nuestro enemigo por desalentarnos y derrotarnos incitándonos al abandono de nuestros sueños y empresas, y del deseo del Señor por nuestro éxito, por nuestras familias, por nuestra iglesia y por nosotros mismos, decididamente pensemos y declaremos: ¡EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS JAMÁS NOS DAREMOS POR VENCIDOS! (Salmos 37:4-6: Mateo 7:7,8; Josué 1:6-9).