viernes, 10 de febrero de 2012

VIDAS QUE SE HUNDEN SIN CRISTO / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por:
Carlos Ardila

Navegar a través de la hermosura del poderoso gigante mar, recorrer las páginas de la historia leyendo acerca de grandes gestas navales heroicas, de piratas y corsarios, de nostálgicos romances sobreviviendo aún a los naufragios y hechos memorables en las más millonarias producciones cinematográficas.

El hundimiento del Titanic en la madrugada del 15 de abril de 1.912 sobre las costas de Terranova al dirigirse hacia Nueva York  y el recientemente sucedido naufragio del Costa Concordia que encallara el 13 de enero de 2012 cerca a la isla italiana  mediterránea de  Giglio, constituyen dos de los más grandes  desastres navales hasta hoy ocurridos, el primero de ellos con un saldo trágico de 1.523 personas muertas en tanto que por fortuna hasta hace pocos días eran tan sólo 17 los fallecidos y por lo menos 22 los desaparecidos de entre los pasajeros del Costa Concordia.

Ahora, ¿cuántas de estas personas habrán muerto sin Cristo? ¿Qué habríamos hecho de estar en posibilidad de ayudarles? ¿Si hubiésemos sido parte del equipo de salvamento más cercano a ellos? Algo seguramente.
Son tantas las personas que mueren día a día, algunas de ellas muy cerca de dónde estamos,  dichas muertes se suceden segundo a segundo en el mar simbólicamente usado en la Palabra del Señor para representar el caos de la maldad en las naciones en medio de las cuales habitamos como el equipo de salvamento espiritual de Dios (Isaías 57:20; Mateo 28:18-20).

¿Qué estamos haciendo para salvar las VIDAS QUE SE HUNDEN SIN CRISTO? ¿Les arrojaremos un salvavidas? Siendo que nosotros mismos hemos naufragado siendo salvados (Mateo 8:23-27; Colosenses 2:12,13), es lo menos que podemos hacer, ¿verdad?, ¿pues como podrá alguien ser salvo si no tuviese un Salvador? ¿Cómo sabrían de Él sin que nadie les dijese? (Romanos 10:13-17).