martes, 21 de febrero de 2012

SE VALIENTE Y HUYE POR TU VIDA / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.


Por:
Carlos Ardila


¿Qué es lo que haces si al venir caminando por la vereda observas a un perro furioso ladrando amenazante? Cómo eres muy listo de seguro deduzco que prudentemente te pasas a la vereda de enfrente para proseguir tranquilo y a salvo tu camino, pero  supón que alguien no tan sabio como tú siguiera de frente poniéndose  al alcance del can, ni tú, ni yo, ni nadie tendría que esforzarse en demasía para saber desde antes el más seguro final de la escena.

Alguien acertadamente ilustró a Satanás como a un perro rabioso atado con una larga cadena y cerca del cual no deberíamos estar ya que de acercarnos demasiado a él nos destrozaría; bien, es tan sólo una ilustración, pero piensa por un instante, si nos pusiéramos a su alcance ¿de cierto no nos haría pedazos?

Adicionalmente, la Palabra del Señor hace uso de algunas otras fieras para ilustrar a Satanás, son éstas la serpiente antigua, el dragón y el león rugiente (Génesis 3:1; Apocalipsis 12: 9; 13:2; I de Pedro 5:8), al cual resistiendo haremos huir de nosotros (Santiago 4:7). Ahora, en la guerra, y peleamos una en su contra día a día de nuestras vidas  (Efesios 6:10-20), el tocar retirada al sentirnos vulnerables es una estrategia tan válida como necesaria para ser fortalecidos y seguir luego adelante.

Y es que hay situaciones y ambientes de los cuales debemos huir que de no hacerlo sería tan necio e insensato de nuestra parte como el acercarnos demasiado poniéndonos al alcance de un perro rabioso; si te sientes débil ante situaciones y en ambientes en los cuales piensas o de hecho sabes caerás, ¿por qué no huir? ¿Recuerdas a José? El tuvo que huir de una de esas trampas mortales puestas por el enemigo (Génesis 39:12), ¿recuerdas el consejo del apóstol Pablo a Timoteo en cuanto a las pasiones juveniles? Él debía huir de las tales (II de Timoteo 2:22).

Hermano y amigo, son tantas y tan sutiles las maneras en las que Satanás actúa, si te sientes vulnerable ante  una de ellas, sea cual fuere,  algunos sitios de Internet, uno o más programas de la tv, un determinado círculo de amigos… repliégate, SE VALIENTE Y HUYE POR TU VIDA, luego, ya fortalecido por el Señor y en el poder de su fuerza, harás al enemigo huir de tu presencia. 

jueves, 16 de febrero de 2012

¿NOS DAREMOS POR VENCIDOS? / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por:
Carlos Ardila

¿Cuántas veces nos hemos sentido derrotados y presos del desanimo quizá hayamos deseado renunciar  a nuestros sueños y ya no esforzarnos más por conseguir aquello en lo que intento tras intento fracasamos y ahora consideramos más que lejano imposible?

¿Por qué seguir orando? ¿Por qué seguir esperando en aquello que después de orar insistentemente aún no nos ha sido concedido?

¿Por qué seguir luchando contra aquellas debilidades que pese a nuestros muchos esfuerzos aún no hemos logrado superar?

En tales circunstancias, y muy seguramente por lo menos una vez así nos hemos sentido, bien hemos de pensar: ¿Quién más que nadie desea nuestra derrota?, y sin esforzarnos demasiado de inmediato obtendremos la respuesta, ¡nuestro enemigo Satanás! Sin embargo, y en contraste, ¿quién más que nadie desea nuestro éxito?, y aún con mucho menor esfuerzo obtendremos la respuesta, ¡El Señor nuestro Dios!

En vista de nuestros deseos de superación tanto espiritual como material, del deseo de nuestro enemigo por desalentarnos y derrotarnos  incitándonos al abandono de nuestros sueños y empresas, y del deseo del Señor por nuestro éxito, por nuestras familias, por nuestra iglesia y por nosotros mismos, decididamente  pensemos y declaremos: ¡EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS JAMÁS NOS DAREMOS POR VENCIDOS! (Salmos 37:4-6: Mateo 7:7,8; Josué 1:6-9).

viernes, 10 de febrero de 2012

VIDAS QUE SE HUNDEN SIN CRISTO / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por:
Carlos Ardila

Navegar a través de la hermosura del poderoso gigante mar, recorrer las páginas de la historia leyendo acerca de grandes gestas navales heroicas, de piratas y corsarios, de nostálgicos romances sobreviviendo aún a los naufragios y hechos memorables en las más millonarias producciones cinematográficas.

El hundimiento del Titanic en la madrugada del 15 de abril de 1.912 sobre las costas de Terranova al dirigirse hacia Nueva York  y el recientemente sucedido naufragio del Costa Concordia que encallara el 13 de enero de 2012 cerca a la isla italiana  mediterránea de  Giglio, constituyen dos de los más grandes  desastres navales hasta hoy ocurridos, el primero de ellos con un saldo trágico de 1.523 personas muertas en tanto que por fortuna hasta hace pocos días eran tan sólo 17 los fallecidos y por lo menos 22 los desaparecidos de entre los pasajeros del Costa Concordia.

Ahora, ¿cuántas de estas personas habrán muerto sin Cristo? ¿Qué habríamos hecho de estar en posibilidad de ayudarles? ¿Si hubiésemos sido parte del equipo de salvamento más cercano a ellos? Algo seguramente.
Son tantas las personas que mueren día a día, algunas de ellas muy cerca de dónde estamos,  dichas muertes se suceden segundo a segundo en el mar simbólicamente usado en la Palabra del Señor para representar el caos de la maldad en las naciones en medio de las cuales habitamos como el equipo de salvamento espiritual de Dios (Isaías 57:20; Mateo 28:18-20).

¿Qué estamos haciendo para salvar las VIDAS QUE SE HUNDEN SIN CRISTO? ¿Les arrojaremos un salvavidas? Siendo que nosotros mismos hemos naufragado siendo salvados (Mateo 8:23-27; Colosenses 2:12,13), es lo menos que podemos hacer, ¿verdad?, ¿pues como podrá alguien ser salvo si no tuviese un Salvador? ¿Cómo sabrían de Él sin que nadie les dijese? (Romanos 10:13-17). 

miércoles, 1 de febrero de 2012

¿NO POR OBRAS…? / REFLEXIÓN DEVOCIONAL

Espacio de estudio y reflexión con el contenido de la autoría y reserva moral del redactor, úsese libremente citando al autor, sin lucro y a la sola gloria del Señor.

Por:
Carlos Ardila


Salvos por gracia y  justificados gratuitamente por Dios a través de Jesucristo, son expresiones muy propias y usuales entre nosotros, y sí bien es cierto lo que ellas declaran, algunas veces son mal interpretadas al pensar e inclusive enseñar algunos que en absoluto algo más allá de tan sólo confesar creer en el Señor o el levantar la mano en una reunión en señal de haber depositado fe en Jesús o el repetir la oración de fe guiada por el “pastor” con la mano sobre la radio en definitiva les hacen salvos…

Desde luego,  y lejos de la intención de hacer juicios acerca de la forma en la que otras personas entienden y viven su fe, quiero hoy llamar la atención  hacia la relajada comodidad que las deficientes interpretaciones de la Palabra de Dios producen, lo cual a su vez pudiera estar afectándonos al tomar contacto con dichas enseñanzas conducentes a la infidelidad y a la mediocridad espiritual.  

Con relación a las obras, el Señor Jesús dijo lo siguiente: … “Porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado” (Juan 5:36b), indicando con ello que su vida y sus acciones concretas daban muestra clara de ser Él el Hijo de Dios,  y “… mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra (Juan 4:34), ilustrando con tales palabras que para Él era el hacer la obra de su Padre una necesidad espiritual tan básica y constante como el alimentarse de manera material.

Ahora, ¿de forma similar hacemos las obras de nuestro Padre?, ¿dan ellas testimonio de nuestra fidelidad e integridad espiritual?, ¿nos resulta tan necesario como apremiante o urgente el llevar a cabo la obra de nuestro Padre?

Jamás olvidemos que el Señor de antemano ha preparado buenas obras en las cuales desea que andemos  (Efesios 2:10), y que nuestra fe indispensablemente debe ir siempre acompañada de dichas acciones  (Santiago 2:26; Apocalipsis 22:12; II de Corintios 5:10), una de las cuales nos debería ser tan necesaria como urgente, el hablar cada vez más y más al mundo del Señor (Hechos 5:42).